
ROMUALDO
GÓMEZ
Hoy
día, para muchas personas sería impensable la vida
sin el uso de las cada vez más sofisticadas tecnologías
de la información y la comunicación (TICs), que
abarcan la radio, la televisión, la telefonía móvil
y la Internet. Ellas están presentes en nuestro quehacer
cotidiano y son indispensables para el cumplimiento de muchas
actividades.
Las
comunicaciones inalámbricas o radiotelegrafía, precursoras
de las TICs, nacen en 1896, con los experimentos realizados por
Guglielmo Marconi, quien sintetizó los trabajos de Edouard
Branly (quien había desarrollado un modelo de receptor
de ondas electromagnéticas, el cohesor), Oliver Lodge (que
inventó la bobina de inducción) y Alexandre Popov
(inventor de la antena), desarrollando un sistema capaz de transmitir
y recibir señales electromagnéticas. Su inicio público
se produjo en 1915 y su regularización en Estados Unidos
e Inglaterra en 1920. En Venezuela, la telegrafía inalámbrica
se inicia en octubre de 1920 y para 1931 estaba completo el sistema
de radiotelegrafía y radiotelefonía nacional.
Sin embargo, las primeras comunicaciones mediante ondas hertzianas
en nuestro país fueron realizadas exitosamente en una distancia
de 20 Km entre 1913 y 1914 por Romualdo Gómez, un investigador
de formación autodidacta, nacido en Aragua de Barcelona
el 11 de marzo de 1863.
Alentado por la fidelidad de la transmisión lograda, dirigió
una solicitud de permiso al Ministerio de Instrucción Pública,
para instalar un sistema de comunicación inalámbrica
en el trayecto de 75 Km. Entre Pariaguán y El Chaparro,
poniendo sus propios aparatos a disposición de las autoridades.
El entonces encargado del despacho de ese ministerio, Felipe Guevara
Rojas, le contestó que ese proyecto podía representar
un peligro para el gobierno, pues los enemigos del régimen
podrían entonces establecer sistemas inalámbricos
en todo el país. Enterado del asunto, el General Juan Vicente
Gómez pidió al presidente del Estado Anzoátegui,
el general Armando Rolando, que le suministrara información
sobre esos “experimentos peligrosos”. Afortunadamente,
Rolando era amigo de Romualdo, por lo que lo defendió,
evitándole ser apresado.
Frustrado en sus aspiraciones técnicas, Romualdo Gómez
habría de morir en Caracas, anciano y olvidado, hacia 1951.